lunes, 29 de agosto de 2016

Yo no tengo partido político.



Me llama la atención oír cómo algunas personas se sorprenden cuando preguntan de qué partido político soy, y les respondo que de ninguno. Sobre todo porque tengo mis razones.
Cada dirigente que asumió el cargo máximo de Presidente de la Nación, ¿o porque ir tan lejos? Los Intendentes y Gobernadores, o los Presidentes comunales, todos ellos de alguna u otra forma, buscaron su beneficio, o el de sus familiares. En lo personal, desde que fui consciente del esfuerzo que hacíamos en casa para poder vivir, nada de las promesas proclamadas se llegó a ver.
Cuando dieron facilidades para comprar en el exterior, quien quiera que lo haya dispuesto, hubo grupos que salieron a ventilar los pros y los contras de las medidas. Se sucedieron análisis, debates, conferencias de cómo sobrevivir a una posible catástrofe económica financiera nacional. Y nosotros permanecimos de pie. Resistiendo las oleadas de lo que se nos venía encima. 

Se implementaron retenciones al campo. Otra vez hubo enfrentamientos entre los que debían aplicar la ley y los que la tenían que cumplir. Nosotros estuvimos en el medio, porque mi familia era la que trabajaba el campo, quienes nos levantábamos a la madrugada cayera lluvia o no. Aunque la helada nos rajara el tuétano íbamos a ganarnos el mísero porcentaje que “el patrón”, como lo llamábamos los más chicos, les pagaba a mis viejos escudado en un discurso inconformista contra el gobierno que le exigía impuestos, pero que de todas maneras le permitía cambiar su camioneta con puntualidad cada seis meses.
Llegaron planes sociales. Asistencialismo, o ayuda productiva dependiendo quien hablara en televisión ese día.  Se podía comprar todo, y lo pagábamos de mil maneras; el sueño de viajar dejó de ser una ilusión. Nos agarramos de eso. De lo que había. Nada iba dirigido directamente a nosotros, pero igual lo tomábamos, lo aprovechábamos si se podía. Y hubo casos en los que si no se podía, se hacía poder.
Sacamos provecho de todo lo que pudimos. Y todavía lo sigo haciendo.
Se cerraron puertas para algunos, y salieron a reclamar. Se abrieron portones para otros, los mismos de siempre. Los favoritos de las políticas de turno.
Éramos como ciertas algas que se mecen con el oleaje del océano, se dejan llevar por el agua según la marea. Si bien son muchas, ni todas juntas pueden cambiar el curso del mar. Siempre fuimos conscientes de eso, por lo que nunca tuvo sentido para nosotros, para mí, ir contra la corriente. Nos adaptamos, siempre.
El pueblo en su derecho se levantó contra lo que no les prometieron. Yo también lo hago, si me convence, si me favorece o vale la pena. El resto es más o menos lo mismo que hace veinte, diez, o cinco años. Si pido algo y no se me da, busco la manera. La busco de la misma forma que lo hicimos con mi familia. Ese fue nuestro modo, y ahora es mi modo de sobrevivir. Hurgar entre las posibilidades que aparecen a mano.
Puedo organizar, crear, y concretar lo que quiera. Lo tengo más difícil porque quienes prometen, si es que hago tripa corazón ante mis propios demonios, se olvidan demasiado rápido de las palabras. Pero no me quedo a esperar que alguien saque de algún cajón apolillado el recuerdo de un pedido que a nadie le interesa según sus propias normas. 

Desde chico vi cómo se sucedieron cambios tras cambios, y a lo mejor falten muchos todavía. Ninguno fue más favorable que otro. Si se ponían estrictos requisitos para viajar al exterior, muchos encontraban la manera de cumplir, a duras penas presentaban todo el papelerío. Y si tenían suerte tal vez… Mientras tanto en la otra esquina, los mismos quejidos de angustia se dejaban oír para distraer la mano que por debajo de la mesa aceleraba los trámites. 

Agarro lo que venga porque es lo que necesito, a sabiendas que se me señale como traidor a la patria. Y sé que no solo será esa porción fundamentalista de la sociedad la que me mantenga al margen, sino que a la larga, también lo harán aquellos prometedores verborrágicos. Porque así es siempre. Y seguirá siéndolo. No espero cambios trascendentales. Más bien me quedo sentado bajo un árbol, a esperar que pasen las mejores mariposas que agarrar.
Y todavía me preguntan porque no soy de un partido político. 

Al final, creo que este artículo tiene más de político de lo que hubiera querido. De todos modos, es solo una opinión más en el montón que se mueve según sopla el viento.

2 comentarios:

  1. Buenisimo Martin..un exposición clara de por que los politicos buscan a su alrededor para crear un clan..y los demás (nosotros el puebelrío) muertos de frío..y poco les importa por eso siempre digo la izquierda y la derecha son salvajes y el medio no existe

    Saludos

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  2. Buenisimo Martin..un exposición clara de por que los politicos buscan a su alrededor para crear un clan..y los demás (nosotros el puebelrío) muertos de frío..y poco les importa por eso siempre digo la izquierda y la derecha son salvajes y el medio no existe

    Saludos

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