viernes, 26 de agosto de 2016

Lo que realmente queremos decir.



Sobre la noticia del día Domingo 09 de Marzo de 2014, en la que se dio a conocer las intensiones de la iglesiapara estudiar las uniones homosexuales, me preocupa como pueda llegar a terminar dicho “estudio” y las conclusiones a las que se pueden arribar. Sobre todo teniendo en cuenta de donde provienen y la facilidad para manipular la conciencia y el accionar de las masas.  

Deberían tener seriedad del impacto de sus publicaciones y sus argumentos. Salir a pregonar que desean entender porque algunos estados legalizaron las uniones civiles en lugar de “condenarlas” puede tener una aplicación altamente violenta en la sociedad. Cada uno interpreta lo que quiere según le convenga. Y estos comentarios lo único que pueden traer como efecto, es el ataque represivo en todas sus variantes a los grupos afectados.  Quizás debamos esperar una nueva guerra santa basada en lo que salen a decir estos “señores” envestidos de autoridad bajo un fe que muchos compartes y defiende a ciegas. ¿Un nuevo genocidio tal vez? Si parece demasiado exagerado lo que acabo de decir, sería bueno tener presente los casos de ataques y asesinatos en Rusia, o las nuevas leyes en países africanos. De los cuales nadie ha hablado ni defendido a las victimas ni a los familiares supérstites. Por más que busqué no di con que “su santidad” haya salido a decir nada.

 Quizás tenga otros temas más urgentes que resolver. Es posible, todos los tenemos.

Son a montones los casos que se pueden ver. Gente que opina con comentarios vulgares denigrando noticias y publicaciones de los grupos defensores. Acciones tendientes a erradicar homosexuales por considerarlos antinaturales. Y como ejemplo de ello, vuelvo una vez más a los hechos ocurridos en Rusia, donde se han atacado en público a jóvenes de esta condición. Se los humilla en plena calle o ingresa en forma ilegal en las casas de estos jóvenes, ayudados por quienes se dijeron amigos alguna vez, para luego sin escrúpulos, subir los videos de estas vejaciones a las redes sociales. Lo hacen sin impunidad una y otra vez sin que la autoridad haga nada.

Todos ellos bajo el escudo de la fe cristiana.

Es desconcertante que, para el siglo en el que vivimos aún haya grupos minoritarios que tengan que salir a las calles para defender su derecho a la vida. Derecho juzgado por aquellos que se dicen defensores de la humanidad, de su moral, de las almas de todo hombre o mujer que Dios haya puesto sobre la tierra. Tal vez sea que estos derechos deban ser manejados según el momento que convenga.
Hoy, entre otras cosas, se ponen en tela de juicio las uniones civiles. Y es como si no quedará claro quiénes deben ocuparse de éste término en realidad.
Desean proteger  la construcción de la sociedad y cultura argumentando que permitir esas uniones es un ataque a tales construcciones.  Pero en ningún momento se menciona como la manera de imponer la fe puede afectar la psiquis de algunas personas. Las cuales acataran cualquier argumento como válido sin importar cuán ambiguo sea.
Cada uno interpreta como le place. Y ahí radica el meollo de la cuestión.
Recuerdo hablar con el padre de una familia amiga. Me comentó que le era difícil comprender a los homosexuales (siendo que uno de sus hijos lo era), porque era algo anti natura. Que sus creencias religiosas (cristiano hasta los huesos), no le permitían terminar de abrir su mente a tales cambios. Ya que la forma de relacionarse, el hecho mismo de que se relacionen, impide el fin último de las uniones entre un hombre y una mujer: la Concepción.
Sería bueno tener presente que muchas de las parejas actuales, sin ir más lejos el mismo padre de familia del que hablé arriba, mantenía relaciones que impiden la Concepción. Entonces porque nadie dice nada al respecto. Porque nadie cuestiona estas acciones y hacen la vista gorda dando vuelta la cara hacia otro lado.  
Sé que el Señor Bergoglio no leerá mi opinión al respecto por un sinfín de motivos: porque no le interesa, porque no está dentro de su agenda. Porque no tiene la más remota idea quien soy, y porque en estos momentos está aislado de todo cuanto lo rodea. Y no, no me refiero a que este en el Vaticano, sino que se encuentra en un retiro espiritual. El cual quizás le permita conocer un poco más lo que ocurre fuera de los muros. Lo dudo mucho. Pero como dicen, uno nunca debe perder la fe.
Ya que este señor se cree con todo el derecho divino de señalar como debemos vivir, en mi humilde postura me permito hacerle un pedido: Sea más cuidadoso con las palabras. Porque de ellas partirá el resto de las acciones de la gente que lo idolatra.

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