viernes, 26 de agosto de 2016

La evolución de las historias.



Tiempo atrás me entretuve mirando la nueva serie “Cosmos”. Nueva, en el sentido renovado de efectos, no así de idea que ya viene de años atrás de la mano de Carl Sagan. En el capítulo de turno el narrador daba un pormenorizado detalle de la evolución de la vida sobre la tierra y no fue difícil hacer la analogía con lo que se escribe y lee hoy día.

¿Desde cuándo los asesinos seriales no son tan malos? Perseguidos desde siempre por los policías más rudos y juzgados por una sociedad que reclama justicia, ahora resulta que tenemos un asesino que se dedica a cazar otros asesinos. Es Dexter Morgan de la saga creada por Jeff Lindsay.
Un tipo al que un par de “problemillas” lo volvieron tan apático como despiadado a la hora de sacar la basura. Un vecino con el que hoy día creo, dormiríamos tranquilos si existiera de verdad. “Justiciero serial” se lo llama. Y una lectura entretenida si queremos regodearnos con esa idea que tenemos de hacer justicia pero que no nos animamos a expresar.
¿Y qué hablar de los vampiros? ¿Cuándo “humanizamos” su esencia salvaje, devolviéndoles el alma que perdieron con alguna mordida? En qué momento de la historia se volvieron tan buenos que caminan entre nosotros (van a la escuela!!) como si nada, enamorando bellas ingenuas. Incluso, ¡¡a plena luz del día!!. No deja de tener su encanto. Pero me pregunto qué habrá sido del Señor  Drácula, hombre tan siniestro del que nos habló Bram Stoker.
Ese personaje que se dedicaba a clavar los colmillos en los cuellos limpios (espero que hayan estado limpios) de sus víctimas sin ningún remordimiento. ¿Desde cuándo dejaron esa adicción para jugar al beisbol?
Los tiempos cambian. Y nuestros animales también. Ahora los hombres lobos se dedican a proteger a la humanidad, más precisamente a las bellas ingenuas seducidas por los chicos vampiros. Ya sin dudas existenciales sobre sus orígenes darwinistas de cuando los mordió algún perro perdido sin la vacuna antirrábica.

Tan profundos y radicales son estas evoluciones que las grandes hazañas ya no son méritos, en la mayoría de los casos, de hombres que corren por la sabana africana poniéndole nombre de mujer a su escopeta (viva por siempre Allan Quatermain!!). Sino, por el contrario, ahora están en manos de chicas rebeldes con habilidades extraordinarias para manejar arco y flecha; o chicos ultramodernos, hijos de dioses griegos en New York. Sin contar con la escuela pública de magia que se dio a conocer con todas las luces que desperdigaban sus varitas. Merlín estaría contento que sus enseñanzas perdurasen por tanto tiempo.

Hay de todo, y para todos los gustos. Y no deja de asombrar la capacidad de la mente humana para crearles nuevos escenarios a estos personajes, que partieron de un ancestro primitivo, salvaje cargado de romanticismo. Para ahora hallarse ante un mundo moderno, lleno de tecnologías que los ponen a prueba, no solo para su existencia, sino para ser leídos.
Solo resta que algún fiambre de The Walking Dead rescate a una damisela en apuros para terminar enamorándose de ella… Aunque, ¿esa historia no se contó ya?

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