jueves, 19 de mayo de 2016

Contraluz.




Él quedó allí, tomando el último café bajo el efecto de los recuerdos. Mientras, golondrinas iban de un lado a otro en el aire como enjauladas, y el teléfono sonaba distante.
Sus ojos azules solo saben una canción, pero no miran la profundidad del mundo, se clavaron en la ventana, pensando que la muerte no es preciosa amiga para mirar a la cara cuando un remolino, pasa triturando los besos de algún ángel.
La inmaculada tristeza se le aferra como el veneno, y el borde de una antigua herida permanece intacto, levantándose como advertencia.
Lo veo allí sentado, observando el anochecer en un país para no amar.