lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Contra quién disparamos ahora?


 


Mucho se habla últimamente del matrimonio igualitario y las familias homoparentales, y sobre todo se discute del daño que puede ocasionar a la sociedad y la estructura familiar “natural”. Es un tema complicado que a muchos incomoda, molesta y logra sacar toda la mierda que realmente llevan adentro, porque hasta los más comprensivos se tornan un tanto agresivos de vocabulario. Pero lo que realmente destaca de la mayoría de las críticas, es la carencia de argumentos fuertes que sirvan para tirar abajo la aceptación del nuevo modelo de familia que tiende a ser real. 

La mayoría de estos argumentos, para ser humilde y no decir todos, pueden ser refutados de una manera u otra. Que los niños necesitan el modelo de una madre y un padre (recálquese padre de sexo masculino) ¿Hace falta mencionar las noticias donde los padres, estos supuestos “ejemplos” indiscutibles a seguir violan a sus propias hijas e hijos, si es que no los maltratan peor que a animales? Cada uno puede buscar en todos los diarios que quiera los casos donde ambos padres (entiéndase en este caso sexo femenino y masculino) se olvidaron de sus responsabilidades como “padres”. ¿Me están diciendo que esos son los modelos que hay que tomar? Parece que poco importa que en algunos casos estos progenitores hayan vendido u ofrecido a la venta a sus hijos porque simplemente no los querían, como si fueran comida que se puede tirar o intercambiar por dos pesos.
Los viejos preceptos dicen que los niños necesitan el ejemplo de un padre. Ok. Entonces si entiendo bien, para convertirme en todo un hombre hecho y derecho como la “ley divina” manda, tendría que haber seguido los pasos de mi padre, lo que significa maltratar a las mujeres, tratarlas como cualquier cosa, y levantarle la mano por cualquier razón. Al menos eso hacía mi papá, supongo que por no haber seguido sus pasos hoy soy como soy. ¿Eso es lo que me quieren decir? Entonces deben tener razón.

Si las familias homoparentales hacen tanto daño dando amor a quienes les negaron ese amor por haber nacido no deseado, ¿entonces porque las familias “normales” no dan ese amor que tanto les sobra? Acá muchos dirán que no todas las familias son así, y nuevamente están en lo cierto. Conozco familias que se desviven por sus hijos, son la luz de cada mañana. Pero también están los otros, aquellos que si hubieran podido, los hubieran evitado. Y no les importa admitirlo en voz alta.
Dicen que los hijos de familias homoparentales sufren el acoso de otros niños. Sería bueno que quienes afirman esto se dieran cuenta que si sus hijos atacan a otros, es porque sus modelos a seguir, así se le enseñaron. O sea, usted es el mal ejemplo.

¿Tanto mal puede hacer dar amor a alguien que proteges? ¿De quiénes los cuidan estás familias? De esos que los tiraron como trapos viejos. De esos que dicen defender todos los conceptos y preceptos de la familia, pero están lejos de entenderlos. Porque caminan ciegos por un camino de falsas modestias.

Es un tema complicado donde cada uno tiene su opinión, lo interesante sería que los argumentos en contra fueran más sólidos que un simple “creemos que esta mal”. Mi opinión es una más dentro del montón. Porque creo que los fundamentalistas opositores no se acercan ni un centímetro a la verdad. Y yo tampoco. Pero me toca de cerca. Porque el modelo que tenía que enseñarme fue cualquier cosa menos un ejemplo a seguir. Me toca de cerca porque estoy en contacto con familias “normales” que son despreciables y nadie habla de ellos.


Es un tema complejo; quizás un poco de humor relaje las cosas. Como dije… quizás. 

                                                        
                                               ¡Ves que había una explicación!
 

¡Pero que bolu... que es uno! ¡Era eso!

Sin dudas. Todos entendimos lo mismo.

¡Esta es simplemente genial!





Nota mental: Las imágenes provienen de una página en facebook (el link aparece en varias imágenes), si se animan pueden pasar y leerla. No me hago responsable si sufren alguna alteración hormonal después. =)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Yo contra Germán.



Desde hace unos años, dentro de los youtubers (gente que hablar de cualquier tema en esa red social), se destaca Germán Garmendia quién este año visitó la feria del libro de Buenos Aires, ¡para presentar su libro!

¡Porque no!
Cada vez que escuchaba o leía una noticia de la feria, conocía un poco más del visitante ilustre que era Garmendia, cuando la feria supuestamente homenajeaba a Jorge Luis Borges y de lo que casi pocos hablaron. A medida que fui conociendo lo que hacía y como lo hacía, o sea hablar de cosas ridículamente cotidianas de una manera que ronda la estupidez en una red social, y que gracias a eso tenía una cantidad bastante numerosa de seguidores, la verdad que me molesté mucho. Para mí eso no tenía fundamento ni sustento en algo que realmente valiera la pena. ¿Ponerse a hablar de pavadas y que lo idolatrasen por eso? Desde mi punto de vista era una pérdida de tiempo. No enseñaba nada bueno. Y a eso había que sumarle el libro por el cual tenías que reservar las entrada on line si querías que te lo firmara. Eso si tenías suerte, porque se agotaron enseguida ni bien estuvieron disponibles. Tanto fue el exaltación por esta persona, que los stand dentro de la feria, no te permitían sacar el libro de donde los exponían y llevártelo a la caja para abonarlos, sino que tenías que pedirlos directamente en la caja; y si había libros en exhibición, estaban custodiados por los ayudantes de los stand. Eso me hizo sentir mayor rechazo contra Germán. ¡Hasta qué punto puede una persona que habla boludeces, llegar a generar tanto fanatismo!
Dejé en claro mi repudio para con esta moda con todos con quienes hablaba y salía el tema. Muchos de los cuales tenían una opinión un tanto diferente a la mía. Pero algo estaba claro, yo hablaba sin tener demasiado conocimiento de él. Me basé solo en lo que los medios decían. Era necesario verlo. Así que un fin de semana tomé valor y me puse dos horas repartidas en los dos días del fin de semana, a ver los videos de Germán. Tengan en cuenta que cada video dura en promedio, 6 minutos. Cada uno de los post confirmaron mi teoría, hablaba de cosas que no tenían sentido, que eran ridículas tonterías que no aportaban nada bueno a nadie. Me enojé por eso y me sentí decepcionado porque mucha gente lo siguiera al extremo de idolatrarlo. Creía que las herramientas virtuales tenían que aprovecharse para cosas mucho más importantes, más significativas. ¿No es eso a lo que tenemos que apuntar las personas? ¿A ser cada vez mejores con todos y en todo lo que hacemos? ¡Entonces porque nos dejamos llevar por sucesos como éstos en las que se promueve una sensación de facilismo en la vida! Decidí buscar noticias que hablaran de Germán.

¿Por qué no?
Encontré varios artículos y todos hacían referencia a lo controversial que es Germán. Y sentí que tenía razón. Hasta que en uno de estos artículos hablaban de cómo los intelectuales del mundo opinaron que Germán atacaba a la cultura en general. ¿En qué sentido? Hace que un montón de jóvenes (me refiero a jóvenes jóvenes; yo sigo siendo joven pero un poco más crecidito) caigan en la onda de que no les importa nada; que la responsabilidad es cosas de adultos malhumorados; y estos eruditos intelectuales opinaban que con Germán muchos dejarían de leer, porque lo que importa en la literatura son los clásicos. El artículo no hablaba de Argentina, pero no pude dejar de asociarlo con nosotros, incluso conmigo mismo. Porque me sentí un erudito intelectual atacando sin sentido. ¿Por qué? Me acordé de lo que pasó cuando salieron los primeros libros de Harry Potter. Tanto la autora como sus libros, fueron criticados y menospreciados por toda clase de especialistas que afirmaban que no eran buenos para los niños, ni para los adolescentes, mucho menos para los adultos que se interesaban por esas historias. Todos hacían caso omiso a los hechos. Estos niños fanáticos por ese nuevo personaje hacían largas colas y esperaban por horas en las librerías para poder comprar el siguiente libro de Harry Potter, el cual se leían en menos de un mes aunque tuviera 800 páginas. Cosa que nunca hubieran hecho en la escuela, leerse tantas hojas porque se lo decía la profesora.
Con Germán noté que sucede, no sé si lo mismo, pero algo semejante. Vi lo que muchos me trataban de hacer ver. De lo que habla, a su modo y con el medio que utiliza, llega a un público que lo comprende, que entiende lo que dice y éste público se siente contenido. De esa forma sencilla que tiene de presentarse ante tanta gente todos los viernes (día que Germán dice que va a subir su próximo video) forma un vínculo tácito con un público que lo reconoce como propio. Y tengo que reconocer que eso está bien. Que no es tan malo como yo pensaba. Les demostró a todos y les demuestra a muchos que se puede vivir de lo que a uno le gusta. Ya sé que no siempre es así, que hay excepciones y que a veces muchos tenemos que aguantarnos lo que tenemos que no es lo que deseamos. Pero es así. Él vive de lo que le gusta, y hasta tiene su propio libro que muchos chicos hacen colas para poder comprar y leer, y si de esa forma comienzan a acercarse a la lectura, entonces es bueno. Uno tiene que tener la libertad de leer lo que quiera, lo que le gusta, lo que le haga feliz; y si eso le abre las puertas a otras lecturas, bienvenido sea entonces.

Libertad de palabras.
Aunque vi sus videos y me haya reído mucho con algunos de ellos, puedo decir que no comparto lo que hace, ni cómo lo hace. Pero respeto sus maneras y lo que dice. No lo sigo ni tampoco lo voy a hacer porque no es algo que me atraiga como para formar parte del mismo círculo. Tenemos formas diferentes de ver y hacer las cosas y a lo mejor por eso yo no sea el más indicado para hablar de él, o tal vez sí. Somos libres de opinar y decir lo que queramos de la manera que queramos, lo cual suena irónico teniendo en cuenta mi postura inicial para con Garmendia. Pero por suerte vivimos en un mundo con países libres que se nos permite hablar con libertad. Mientras siga siendo así, y algunos hagamos oídos sordos a las malas críticas para poder hacer lo que realmente nos gusta, entonces es bueno. Puede que HolaSoyGermán sea pasajero, o no. Tal vez marque una tendencia difícil de romper. Veremos qué pasa.

lunes, 29 de agosto de 2016

Yo no tengo partido político.



Me llama la atención oír cómo algunas personas se sorprenden cuando preguntan de qué partido político soy, y les respondo que de ninguno. Sobre todo porque tengo mis razones.
Cada dirigente que asumió el cargo máximo de Presidente de la Nación, ¿o porque ir tan lejos? Los Intendentes y Gobernadores, o los Presidentes comunales, todos ellos de alguna u otra forma, buscaron su beneficio, o el de sus familiares. En lo personal, desde que fui consciente del esfuerzo que hacíamos en casa para poder vivir, nada de las promesas proclamadas se llegó a ver.
Cuando dieron facilidades para comprar en el exterior, quien quiera que lo haya dispuesto, hubo grupos que salieron a ventilar los pros y los contras de las medidas. Se sucedieron análisis, debates, conferencias de cómo sobrevivir a una posible catástrofe económica financiera nacional. Y nosotros permanecimos de pie. Resistiendo las oleadas de lo que se nos venía encima. 

Se implementaron retenciones al campo. Otra vez hubo enfrentamientos entre los que debían aplicar la ley y los que la tenían que cumplir. Nosotros estuvimos en el medio, porque mi familia era la que trabajaba el campo, quienes nos levantábamos a la madrugada cayera lluvia o no. Aunque la helada nos rajara el tuétano íbamos a ganarnos el mísero porcentaje que “el patrón”, como lo llamábamos los más chicos, les pagaba a mis viejos escudado en un discurso inconformista contra el gobierno que le exigía impuestos, pero que de todas maneras le permitía cambiar su camioneta con puntualidad cada seis meses.
Llegaron planes sociales. Asistencialismo, o ayuda productiva dependiendo quien hablara en televisión ese día.  Se podía comprar todo, y lo pagábamos de mil maneras; el sueño de viajar dejó de ser una ilusión. Nos agarramos de eso. De lo que había. Nada iba dirigido directamente a nosotros, pero igual lo tomábamos, lo aprovechábamos si se podía. Y hubo casos en los que si no se podía, se hacía poder.
Sacamos provecho de todo lo que pudimos. Y todavía lo sigo haciendo.
Se cerraron puertas para algunos, y salieron a reclamar. Se abrieron portones para otros, los mismos de siempre. Los favoritos de las políticas de turno.
Éramos como ciertas algas que se mecen con el oleaje del océano, se dejan llevar por el agua según la marea. Si bien son muchas, ni todas juntas pueden cambiar el curso del mar. Siempre fuimos conscientes de eso, por lo que nunca tuvo sentido para nosotros, para mí, ir contra la corriente. Nos adaptamos, siempre.
El pueblo en su derecho se levantó contra lo que no les prometieron. Yo también lo hago, si me convence, si me favorece o vale la pena. El resto es más o menos lo mismo que hace veinte, diez, o cinco años. Si pido algo y no se me da, busco la manera. La busco de la misma forma que lo hicimos con mi familia. Ese fue nuestro modo, y ahora es mi modo de sobrevivir. Hurgar entre las posibilidades que aparecen a mano.
Puedo organizar, crear, y concretar lo que quiera. Lo tengo más difícil porque quienes prometen, si es que hago tripa corazón ante mis propios demonios, se olvidan demasiado rápido de las palabras. Pero no me quedo a esperar que alguien saque de algún cajón apolillado el recuerdo de un pedido que a nadie le interesa según sus propias normas. 

Desde chico vi cómo se sucedieron cambios tras cambios, y a lo mejor falten muchos todavía. Ninguno fue más favorable que otro. Si se ponían estrictos requisitos para viajar al exterior, muchos encontraban la manera de cumplir, a duras penas presentaban todo el papelerío. Y si tenían suerte tal vez… Mientras tanto en la otra esquina, los mismos quejidos de angustia se dejaban oír para distraer la mano que por debajo de la mesa aceleraba los trámites. 

Agarro lo que venga porque es lo que necesito, a sabiendas que se me señale como traidor a la patria. Y sé que no solo será esa porción fundamentalista de la sociedad la que me mantenga al margen, sino que a la larga, también lo harán aquellos prometedores verborrágicos. Porque así es siempre. Y seguirá siéndolo. No espero cambios trascendentales. Más bien me quedo sentado bajo un árbol, a esperar que pasen las mejores mariposas que agarrar.
Y todavía me preguntan porque no soy de un partido político. 

Al final, creo que este artículo tiene más de político de lo que hubiera querido. De todos modos, es solo una opinión más en el montón que se mueve según sopla el viento.

viernes, 26 de agosto de 2016

La evolución de las historias.



Tiempo atrás me entretuve mirando la nueva serie “Cosmos”. Nueva, en el sentido renovado de efectos, no así de idea que ya viene de años atrás de la mano de Carl Sagan. En el capítulo de turno el narrador daba un pormenorizado detalle de la evolución de la vida sobre la tierra y no fue difícil hacer la analogía con lo que se escribe y lee hoy día.

¿Desde cuándo los asesinos seriales no son tan malos? Perseguidos desde siempre por los policías más rudos y juzgados por una sociedad que reclama justicia, ahora resulta que tenemos un asesino que se dedica a cazar otros asesinos. Es Dexter Morgan de la saga creada por Jeff Lindsay.
Un tipo al que un par de “problemillas” lo volvieron tan apático como despiadado a la hora de sacar la basura. Un vecino con el que hoy día creo, dormiríamos tranquilos si existiera de verdad. “Justiciero serial” se lo llama. Y una lectura entretenida si queremos regodearnos con esa idea que tenemos de hacer justicia pero que no nos animamos a expresar.
¿Y qué hablar de los vampiros? ¿Cuándo “humanizamos” su esencia salvaje, devolviéndoles el alma que perdieron con alguna mordida? En qué momento de la historia se volvieron tan buenos que caminan entre nosotros (van a la escuela!!) como si nada, enamorando bellas ingenuas. Incluso, ¡¡a plena luz del día!!. No deja de tener su encanto. Pero me pregunto qué habrá sido del Señor  Drácula, hombre tan siniestro del que nos habló Bram Stoker.
Ese personaje que se dedicaba a clavar los colmillos en los cuellos limpios (espero que hayan estado limpios) de sus víctimas sin ningún remordimiento. ¿Desde cuándo dejaron esa adicción para jugar al beisbol?
Los tiempos cambian. Y nuestros animales también. Ahora los hombres lobos se dedican a proteger a la humanidad, más precisamente a las bellas ingenuas seducidas por los chicos vampiros. Ya sin dudas existenciales sobre sus orígenes darwinistas de cuando los mordió algún perro perdido sin la vacuna antirrábica.

Tan profundos y radicales son estas evoluciones que las grandes hazañas ya no son méritos, en la mayoría de los casos, de hombres que corren por la sabana africana poniéndole nombre de mujer a su escopeta (viva por siempre Allan Quatermain!!). Sino, por el contrario, ahora están en manos de chicas rebeldes con habilidades extraordinarias para manejar arco y flecha; o chicos ultramodernos, hijos de dioses griegos en New York. Sin contar con la escuela pública de magia que se dio a conocer con todas las luces que desperdigaban sus varitas. Merlín estaría contento que sus enseñanzas perdurasen por tanto tiempo.

Hay de todo, y para todos los gustos. Y no deja de asombrar la capacidad de la mente humana para crearles nuevos escenarios a estos personajes, que partieron de un ancestro primitivo, salvaje cargado de romanticismo. Para ahora hallarse ante un mundo moderno, lleno de tecnologías que los ponen a prueba, no solo para su existencia, sino para ser leídos.
Solo resta que algún fiambre de The Walking Dead rescate a una damisela en apuros para terminar enamorándose de ella… Aunque, ¿esa historia no se contó ya?