sábado, 4 de octubre de 2014

En un mundo que se acaba.



No es el momento, dijo. Y su cabeza estalló en una bola de fuego frío y luz. Fue un agujero negro absorbiéndolo todo. Los que estuvimos cerca de él en ese momento, apenas sobrevivimos. Alcanzamos a escondernos en el bunker enterrado a cien metros, en la tierra negra.

Nadie se atrevió a decir algo. Las hipótesis estaban de más. Especular no tenía sentido.

Un planeta yermo, fue todo lo que encontramos cuando emergimos a la superficie. Algunos lloraron, otros, simplemente nos quedamos en silencio, desahuciados, extasiados tal vez, ante semejante poder. Un don; una maldición; ¡un arma! Pero, ¿para qué? ¿Ahora, contra quien?  
Su cráneo ya no existía en forma antropológica, pero estaba ahí. Mirándonos. Por más que no veíamos sus facciones, tuve la certeza que se reía de nosotros. De píe ante un mundo casi vacío.