viernes, 12 de septiembre de 2014

La máquina de hacer cuentos.



Un  alma, estática y semiconsciente, por cada una de las cápsulas criogénicas que atestan el edificio. Las conexiones principales salen de las vainas, como raíces de un hongo, vivo y parasito, directo al núcleo de la fábrica. El cerebro mismo de Scherezada.
Vacía de misericordia, ella, les extrae a los durmientes sus recuerdos preciados. Esos que se encarnan en la piel y el corazón.
Ella es como una abeja. Exige de peones. Es La Reina del panal, instalada en medio de una ciudad que apesta a humanidad: su ganado.
Ella, ella es Scherezada. Y necesita historias que contar. Necesita de aquellos quienes las vivieron, para arrancárselas de cuajo, y una vez terminados, dejarlos allí, como plantas huecas, estériles. Sin vida.

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