martes, 26 de agosto de 2014

Anomalía E16B



Nadie supo cual fue el primer caso en el mundo. Simplemente un día hubo demasiados insectos dando vueltas como para poder hacer algo. El pánico se hizo de la gente con la misma rapidez con la que los bichos se comían a los cuerpos de los huéspedes infectados. Pueblos enteros fueron diezmados en tan sólo días, los que dura el incube de las larvas. En las grandes ciudades fue más lento. El humo de los coches, las bocinas, los motociclos frenaron el avance de la plaga. La frenaron, no la impidieron. Se presentaron casos aislados, luego pasaron a ser frecuente, y por último, ya se habían adaptado para ser incontenibles. 

Una vez que el aguijón perforaba la piel, los huevos crecían mientras el cuerpo de la víctima aumentaba en fiebre y cansancio, hasta dejarlo postrado. Inmóvil, se transformaba en un capullo verdoso hasta hacer eclosión, liberando los engendros con forma de libélulas, del tamaño de gallinas desnutridas. 

Ninguna organización, secreta o no, mundial o local, de lucha contra enfermedades pudo hacer nada. Las personas ya no pasean con libertad por los parques. Siempre con temor con el temor que un enjambre les caiga encima.

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