miércoles, 29 de febrero de 2012

DOS DÍAS EN LA SEMANA.

Llega el último día. Sentado frente al monitor de mí trabajo cuanto cada segundo que se hace carne en mí, esperando que sea el último. Porque allí es cuando todo comienza. No hay tiempo para nada más. Termino con las obligaciones pendientes, y vuelo a casa. Todo el agotamiento de mis huesos ya no existe. No en este día.
Bajo un contrato firmado en vos baja nos volvemos a encontrar. Sin pasados ni futuros que condicionen estos dos días a la semana. Contengo las ganas de reír, de volar. No hay más presente que los momentos que estallan entre nosotros, tan iguales, tan nuestros. Reprimo las ideas vagas que suelen atormentarme a menudo, porque lo banal ya no tiene sentido, y llego a preguntarme la necesidad de dárselo al tiempo, a las cosas, a la gente. No hay nada en mi cabeza más que la necesidad de abrazarte y esperar que el aroma de tu pelo sea lo único que pueda respirar. Tan sólo dos días en la semana.
Conocemos poco de cada uno, los gustos, los mal genios, las salidas, e importa tan poco. Porque siento que escapo de lo que me rodea, siento que no hay tiempo ni espacio. Es tan solo estar allí, deseando que las horas que van muriendo no lleguen nunca al final. Que no sea hora de partir.
Resistiré todos los días, hasta verte llegar. Tan solo dos días en la semana, quitándome el aire de los pulmones, esperando que recuerdes abrazarme una vez más.-

1 comentario:

  1. ¡suena casi como una canción, con el título como estribillo!

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