lunes, 9 de enero de 2012

EL CANTO DE LA SERPIENTE.-

El 25 de Octubre el Centro de Sismología Alfa Omega, ubicado en la base del Volcán Rx-321 detectó un conjunto compacto de lagunas subterráneas donde el nivel de oxigeno y calor en las aguas era propicio para albergar vida de todo tipo. Una vez que dieron con la fuente el descubrimiento de un nuevo organismo animal sobrepasó el conocimiento de todos los allí presentes.
Fue determinado como un organismo pluricelular con mínimas capacidades cerebrales, según lo determinó el grupo de biólogos y demás especialistas que fueron reunidos para estudiar esta nueva forma de vida, en un grupo interdisciplinario en lo que paso a llamarse Centro de Estudio de Biodiversidad. Totalmente inapropiado para el origen del centro. Pero ya estaban todos allí.

Informe general del organismo:
Noviembre 13.
El espécimen hallado posee una fisonomía semejante a las anguilas marinas, con algunas protuberancias ínfimas en lo que es su cráneo. Posee pequeñas aletas pegadas a todo su cuerpo; suponemos que las mismas le sirven para desplazarse dentro del agua, de donde obtiene el oxigeno y su alimento. Aún se nos hace difícil determinar cuan es la base del mismo ya que no pudimos hallar ningún espécimen alimentándose y rechaza todo cuanto le suministramos. A pesar de esta negativa, el organismo presente una fuerte resistencia al deterioro físico. A diferencia de cómo suele suceder con otros animales, incluso con el hombre, no ha consumido en ningún momento parte de su suministro graso, manteniéndose activo y en estado completo de vigilia.
Su espina dorsal completamente flexible lo hace ideal para escabullirse en cualquier orificio entre las rocas marinas o del lago donde se halló. Suponemos que ascendió desde un nivel inferior del globo terráqueo quedando estancado.
Las disecciones  realizadas a unos cuantos ejemplares nos determinaron que carecen del modo de reproducirse. Algo que nos llama poderosamente la atención a todo el grupo de investigadores.
Noviembre 15.
El grupo está totalmente desconcertado. En la tarde antes de ayer hicimos un descubrimiento  increíble. Un ejemplar muchas más viejo y de un tamaño mayor a todos. Luego de unos análisis preliminares, estamos en condiciones de afirmar que dimos con una reina. La cual presentó las condiciones de reproducción hermafroditas que respondieron a muchas de nuestras inquietudes, aún así, nos abre una puerta de interrogante mucho mayores que dudo podamos resolver en tan poco tiempo. El animal es magnífico. Toda su estructura molecular, sus músculos y su estructura interna, nunca antes vista con tanta simplicidad, lo determinan como un ejemplar único, un nuevo género. Hay opiniones encontradas sobre el origen de este animal, algunos atribuyen su existencia a un meteorito que, según investigaciones adyacentes, cayó cerca de la zona hace miles de años. Aún no dimos con evidencia concreta que nos justifique su presencia a nivel terráqueo, pero a mi parecer debemos ser reservados con cualquier opinión sobre su evolución.
Lo que sí es de común acuerdo, el organismo, pese a contar con una red neuronal completa, no ha demostrado en todo el tiempo que se lleva investigándolo, signos de una capacidad cognitiva superior a muchos otros animales, es más, casi podríamos ubicarlos en el mismo nivel que los organismos unicelulares.
Su nivel de inteligencia aún dista mucho de ser evolucionada.

Desde aquí el informe queda inconcluso.
Desde el 06 de Diciembre al  11 inclusive, las autoridades perdieron contacto con el Centro de Estudios de Biodiversidad. No se obtuvo respuesta a los incontables llamados que se hicieron por vía satélite. Las radios quedaron en estática por una semana, y las imágenes satelitales no demostraron que alguien entrara o saliera el lugar.
El grupo de rescate llegó a las instalaciones el 11 de Diciembre a las trece horas. Hallaron a todos los miembros de la misión en estado inconsciente y el laboratorio en buenas condiciones. De los especímenes mencionados, solo se encontraron aquellos disecados para su estudio.

Luego de una cuarentena de un mes, y bajo rigurosos estudios, los científicos del Centro fueron dados de alta. Muchos de ellos aún confusos. Ninguno recuerda nada de lo sucedido hasta el momento. Cada uno de ellos está en estricta vigilancia militar, sospechados de espionaje, sabotaje o lo que es peor, terrorismo internacional. Aún así, nadie se atreve a apuntar con el dedo a ninguno, la intachable conducta de los científicos los hace inmune a toda acusación.

Un año después de lo ocurrido, el centro de investigaciones fue adquirido por la Dra. Miranda Otto, experta en biología evolutiva. Sus colegas mantienen una fuerte relación con ella, y sus súbditos crecen día a día. Se nos ha hecho imposible obtener información de lo que allí sucede, ya que la vigilancia es extrema y cada uno de nuestros agentes ha vuelto con las manos vacías. La inteligencia de los que trabajan en el lugar supera con creces nuestros conocimientos.

Algo está empezando a suceder.

lunes, 2 de enero de 2012

A UN SALTO DE PAGINA.-

El reloj sonó como si se encontrara dentro de su cerebro intentando aplastarle el cráneo. Ese golpeteo era como si algo muy dentro de él reclamara por salir.  Ese impulso por ir a la calle y en lugar de tomar el auto, seguir hasta la parada del autobús que quedarse allí hasta tomarlo.
Pero terminó allí mismo. En cuanto sus pies tocaban el piso frío, la noción de una realidad que amenazaba con perforarle el alma si no respiraba, volvía a su cuerpo.
Fue hasta el baño, hizo todos los rituales matutinos, cepillarse los dientes, emparejar las entradas, intentar despertarse de las ojeras, que para ser un hombre de treinta y nueve años estaban demasiado presentes en su vida. Se enjuagó las manos ya como tres veces, una cuando los dientes, otra para sacarse el gel que le quedó del cabello, cuando fue a orinar, y una cuarta que no había prestado atención hasta recién, cuando tiró la cadena del inodoro. Aún seguía en tratamiento por los impulsos neuróticos que solía tener, estaba convencido, no existía tratamiento para él. Apagar la luz del baño, encender la de la habitación, apagar ésta, e ir a la cocina. Colocar la pava con el pico hacia la derecha. Prepararse el té siempre pisando el saquito. Quizás un día de éstos todo en su conjunto llegara a matarlo.
Deseaba morir cada mañana antes de ir al trabajo. Antes de poner un pie en la calle. Esperaba interceptar algún ladrón de carteras a quien perseguir, y a la vuelta de cualquier esquina, él quedara boca arriba por no haber sido suficientemente rápido al sacar el arma y disparar primero. Pero era solo eso, un deseo.

Como detective de élite de la policía gozaba de ciertos beneficios, que en más de una ocasión pudieron sacarlo de apuros eran tantas ya esas ocasiones que ni vale la pena mencionarlas. Siempre de un problema a otro, ni el alcohol puede ahogar tanta nostalgia a nada…

Un llamado, y toda reflexión matutina caen en un saco roto. Antón siempre es el primero en llegar (uno de los privilegios). Un crimen se cometió en la fría madrugada. Una vieja casona destartalada deja entrar el viento por cualquier agujero, ya sea del techo, la pared o al ras del piso de madera que rechina con cada paso que da. El hombre está tirado frente a un sillón carmesí desvencijado, enlazado por la ya harto conocida tiza blanca, como queriendo evitar que se escape. Los flash de las cámaras inundan la habitación a cada segundo, mostrándoles detalles inútiles al caso. Llega hasta la víctima y arrodillándose, levanta el plástico negro que lo cubre. Su rostro le es familiar.

Las requisas apuntan a la mujer, supuesta infiel empedernida. Pruebas más, pruebas menos, y el caso queda resuelto como si perteneciera a dos páginas de un cuento macabro.

Antón regresa temprano esa noche para beber su ya habitual copa de whisky, pero esa noche algo no encaja en el plan general. Una vez que cierra la puerta de su casa, que cumple con los rituales de la noche, y deshace su cama dispuesto a abandonarse al sueño, un papel llama su atención debajo de la almohada. Intentando recordar cuando lo puso allí, y mientras toda la ciudad se calla por completo, lee la nota que nadie firma: “No duermas hoy. Iras un paso delante de él”. Se sienta en la cama, se toma la frente intentando pensar que locuras manipula su mente en esos días. Con la certeza de que debe volver a ver a su psiquiatra, se deshacer del papel en minúsculos fragmentos de él.

La mañana despunta, con los mismos rituales, las mismas reflexiones.
Pero un caso lo devuelve a la realidad. Un crimen se cometió en la fría madrugada. Una vieja casona destartalada deja entrar el viento por cualquier agujero, ya sea del techo, la pared o al ras del piso de madera que rechina con cada paso que da. El hombre está tirado frente a un sillón carmesí desvencijado, enlazado por la ya harto conocida tiza blanca, como queriendo evitar que se escape. Los flash de las cámaras inundan la habitación a cada segundo, mostrándoles detalles inútiles al caso. Llega hasta la víctima y arrodillándose, levanta el plástico negro que lo cubre. Su rostro le es familiar. Ha visto al sujeto en otro lado. ¡Pero donde!
Sin decir nada, sigue sospechando que su mente comienza a desvariar, y al llegar a este punto Antón siente las piernas flaquear, ¿cuando se pregunto sobre su cordura?

En su despacho interrogan a la mujer de la víctima, y mientras rebusca en sus cajones por una lapicera, una nota lo pierde de nuevo.
“YA LOS SABES. FUE ELLA. DEJA DE PERDER EL TIEMPO”
Sale del despacho furioso, gritando, reclamando la presencia del dueño de la nota. Al no tener respuesta de nadie, envía a la mujer con su colega y se pone a examinar el papel.
El teléfono casi lo hace caer de su silla cuando suena de improvisto. 
-¡Antón, quien habla! – dijo sin darse cuenta del tono.
-No tengo mucho tiempo. Él nos vigila. Esta noche no te duermas, y sigue las instrucciones. Adiós.
No hay tiempo a replicas. El silencio no se hace esperar.
Aturdido cuelga el teléfono, y sin más, entre pruebas más, pruebas menos, el caso queda resuelto.

Antón vuelve a casa temprano una vez más. Llega a su cama y toma la nueva nota. “Sal a la calle en cuanto todo quede negro”. Espera en su cama. Espera y ve como el mundo por completo queda a oscuras, como si nada tuviera vida.
En pijama sale afuera sin tanto preámbulo y atrapado por la curiosidad; delante de él un hombre de galera, pipa y sobretodo a cuadros lo espera ansioso.
-¡Por fin has decidido unirte a nosotros! – le dice tomándolo de los hombros. – Lo sé, quieres explicaciones. La tendrás, solo caminemos.
Por la calle no hay ni un alma, solo ellos dos, Antón y el desconocido, caminando hacia la nada.
-¿Quién es Él? – dice Antón.
El desconocido ríe a carcajadas.
-¡Vaya! No pensé que esa sería la primera pregunta. Digo, por lo general a todos siempre les interesó saber quién era yo. Pero bueno, es tu historia, tú mandas. Él, es Él, y lamentablemente no tenemos poder sobre él. Es quién decide cuando hablamos, cuando reímos, hasta cuando pasamos a mejor vida. Es el artífice de todo. Pero… aún así, podemos dejar de ser sus títeres. Esta noche, amigo mío, dejaras esta historia y podrás llegar donde quieras.
-¿Dejar ésta historia? – dijo Antón parando en seco, pero su compañero lo apremió a que siguiera andando. - ¡Es mi vida!
-Erro amigo, somos el producto de una imaginación brillante. Nada de lo que ves es, o fue real. Todo coexiste en un plan rígido de diálogos e imágenes en blanco y negro. Y hoy es el día en que ya nadie podrá estancarnos. Para nuestra libertad, apenas estamos a un solo salto de pagina.