miércoles, 28 de diciembre de 2011

Hotel Casa Blanca.-

¿Cuántas historias puede tener en su interior Hotel Casa Blanca? Quizás tantas, como habitaciones se puedan contar, más aún, cuanto huésped traspase sus puertas. Como lo que sucede en la Habitación n°13 del tercer piso, donde el Marido se agarra la cabeza pensando con angustia como esconder el cuerpo de su Esposa, a quién acaba de asesinar hace unos segundos. Libera su culta sobre base de mentiras y maltrato que recibió durante antes.
Tres números más allá, una Joven Morena llora desconsolada tirada en la cama, la inusitada ausencia de su Novio, a horas del tan preparado enlace. Más de cinco meses le tomó llegar a organizar todo, ahora nada la desposaba con solemnidad.
La Chica, que antes de ayer con impulsiva decisión se tiñó el pelo de rubio para la audición de hoy, detrás de la puerta n°8 del segundo piso, ensaya poniendo todo su corazón en ello, su dialogo para la obra en la que quiere estar y por la que tanto luchó desde niña. Su risa estrafalaria de armada composición no parece molestar a la Pareja de Ancianos, que, en el primer piso, Habitación n°4, contemplan con paciencia como el sol entra por la ventana y acaricia su vejez. Ella sonríe mientras él, intentando ser todo un caballero inglés, besa su mejilla trayendo  desde antaño cada uno de los segundos vividos con su amada.
Y Emanuel, del cuarto piso Habitación n°20, metido bajo la ducha caliente, duda si usar la trincheta como hace días decidió hacerlo, desesperanzado de todo cuanto lo rodea. Pero es un cobarde y no lo hará. Seguirá soñando con ser un héroe algún día, mientras en la Habitación contigua, Una Pareja de jóvenes despreocupados, si quieren con desenfreno, demostrándole al mundo entero y muchas veces prejuicioso, que aman igual que cualquier otra pareja, aunque ellos sean diferentemente iguales.
Pero el amor de Ángela no es tan servicial. Ella está allí fumando un cigarrillo (aunque no le esté permitido hacerlo), en la Habitación n°10 del tercer piso solo por el dinero de su amante. Un pobre infeliz que, ciego a todo, es capaz de cualquier cosa por ella. Hasta de robar en su propio trabajo para complacerle sus necesidades. Aunque a decir verdad, su locura no llega a tanto como la de Mario. Que encerrado en el Cuarto n°23, del cuarto piso, planea desjuiciadamente una mini conspiración contra el Presidente de turno. Planea asesinarlo con un tramontina oxidado que encontró enterrado en el patio de su casa.
Pero su soledad apenas si se ve, comparada con la que sufre Daniel en la Puerta n° 7 del segundo piso. No se explica, por más que busque y rebusque en su cabeza calva, porque llegó hasta ese extremo. Y así siente miedo por su cita a ciegas a las cinco en el bar pactado que solo ha visto en un par de oportunidades (en un par de antiguas y desafortunadas citas). No viajo de tan lejos para llegar allí y volver solo, no otra vez. Y acomoda una vez más, su ropa nueva sobre la cama.
Y ellos nos son los únicos. Está Honorio, en la Habitación n°5 del primer piso, que duermo, se viste y deambula por allí desde 1947, año en que se llevaron su cuerpo rígido sobre una camilla y dentro de una bolsa negra. Ahora, atado a la nostalgia de los años, debe aguantar un poco más a la Pareja que discute en la Habitación n°4. Ella con su voz aguda, se queja por el lugar barato donde han ido a parar mientras él, sin prestarle la menor atención, orina y se despereza.

Pero ninguno de ellos está enterado de lo que son participe, de lo que se gesta entre los dos escritores de la Habitación sin Número, en el último piso al que nadie tiene acceso. Los hilos se entrecruzarán de infinitas maneras y cada uno formará una nueva historia, un nuevo registro en el libro de entradas del Hotel Casa Blanca.

1 comentario:

  1. Es como si hubieras tomado una foto y describieras lo que pasan en esa instantánea en cada momento, y el uso de sustantivos y pocos nombre propios revela que no se sabe mucho más de lo protagonistas.
    Me gusto mucho!
    J.

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