viernes, 25 de marzo de 2011

La Terminal.-

Eran las cinco y media de la mañana y recién llegaba a la terminal. Cuando miré hacia afuera, y al reloj tapado de mugre que pendía de la columna, fui consciente que me restaba mucho por esperar.
Me desperté en cuanto el colectivo apagó el motor, las luces se encendieron y el murmullo de la gente se dejó oír, anunciando que estábamos en la ciudad. Mi plan para ese día era comenzar a estudiar a allí por el resto de nueve meses, entre viajes mensuales que demandan el curso, y mi trabajo ordinario a quinientos kilómetros de aquella ciudad capital. Mientras me quitaba la pereza de arriba, acumulada por tantas horas de intentar dormir como un hurón y el escaso aire fresco del micro, miré por la ventanilla para tener una idea de hacia dónde ir.
Años atrás visité la ciudad por razones que ahora no vienen al caso, y recordé que tenía una casilla donde podía solicitar el taxi sin siquiera poner un pie fuera del lugar. Ahora, las cosas habían cambiado. La casilla no estaba más y la fila de gente esperando los coches hizo que un pequeño estado de pánico se apoderara de mi. Me encanta viajar y conocer nuevos lugares, pero debo reconocer que hay oportunidades en las que me siento desprotegido si no cuento que la información necesaria de todo lo que me puede esperar en el lugar que he decidido visitar. Y en esta oportunidad, no tenía nada de esa valiosa info.
Respiré profundo, y con tiempo de sobra a mi favor, decidí reconocer el terreno. Comencé por dar con las boleterías de los colectivos que tenía disponibles para regresar. De las tres, solo dos me permitían volver a casa ese mismo día, con una hora de diferencia cada una, y a tener en cuenta que me dejarían a mitad de camino, porque llegaban hasta a una ciudad a treinta y cuatro kilómetros de mi ciudad natal. Punto que no me  sorprendió, ya que me habían puesto al tanto de este contratiempo.
El segundo punto a analizar eran los taxis. Recorrí varias de las entradas de la terminal, salí afuera, simulando tomar aire fresco y analicé el movimiento de la gente. Todos los que  arribaron salían por lo que parecía ser la entrada principal, rodeada de guardias de seguridad, una cabina con diecisiete teléfonos y una agencia de turismo. Mis dudas de la disponibilidad de coches quedó por el piso al encontrarme ante una fila interminable de taxis que llegaban constantemente, subían a sus pasajeros y se marchaban de allí dejando paso al siguiente, así una y otra vez. Por lo que parte de mi viaje estaba solucionado. Respirando tranquilo, y aún con tiempo a mi favor, me dispuse a recorrer el edificio.
Entre moderno y grotesco, el edificio tenía de todo. Negocios con sus estanterías atestadas de recuerdos listos para salir, y que de tan apelmazados que estaban me dio la impresión de desprolijidad y poco higiénico. Los accesorios sobresalían de los estantes, de donde colgaban e incluso de donde estaban apoyados, como a ponto de estallar.
Entre el olor a café, a comida, al humo de los micros y el de algún que otro cigarrillo, mi estómago me pedía algo de comer, pero era imposible saber que elegir entre tantas opciones poco confiables. Incluso el olor a la gente, a transpiración y a rancio que salía de los baños combinaba todo en un coctel explosivo que me dejó tirado en uno de los tantos sillones incómodos que encontré.
El viaje entre la estación y el complejo de estudio apenas duró unos minutos. Y las horas de estudio fueron intensas y magnificas. Estar allí, aprendiendo con otras personas de mi edad, e incluso mayores, fue una experiencia que única. Fueron un total de ocho horas hasta que fue momento de regresar.
Mi colectivo salía una hora después de terminar el curso, por lo que tuve que seguir descubriendo aquel lugar entre maravilloso y común. La variopinta gama de personas que recorrían aquellos pasillos hacían jugar a la mente, preguntándote que sería de sus vidas. Porque estaban allí, de donde o hacía que lugar irían. Un Juego del que me encanta ser partícipe, porque quizás, dentro de todas las posibilidades que hayas anunciado, no te acerques ni un centímetro a lo que realmente son.
Por tal motivo, espero con ansias el próximo mes. Porque deseo volver a jugar y a seguir descubriendo secretos que aquel lugar inhóspito como lo es La Terminal.

1 comentario:

  1. excelente la descripción de los estados anímicos del protagonista.

    ResponderEliminar