martes, 25 de enero de 2011

EL CAMINO DE LUCAS. (ÚLTIMA PARTE).-

El silencio era abrumador dentro de aquella sala lúgubre. Había gente, si, mucha, pero todos permanecían con el semblante entristecido.
Cerró la puerta con parsimonia para no llamar la atención, una mujer sentada cerca de allí alzó la mirada y le sonrió. Alisó su falda negra y fue hasta él. Le tomó de los hombros y le dio dos besos, uno en cada mejilla.
-Lo siento. – le dijo antes de volver a su lugar.
Lucas miró más allá, en un rincón escondido de la sala, descubrió el féretro rodeado de velones blancos y coronas de todos los tamaños. Con miedo, vacilando a cada paso, fue hasta él.
Estaba cerrado ya, y no había nombres que lo identificaran. Una gran sensación de vacío y soledad lo invadió en aquel momento.
La mezcla entre el aroma áspero de los claveles y la sabia que goteaba de los gajos, junto al olor caliente de la cera derretida, le abatieron el alma.
Tocó la madera y le sorprendió su textura suave, fresca en contraposición a todo cuanto le rodeaba.
Lucas quiso hablar, decir o preguntar algo para salir de aquel ensimismamiento, pero ni siquiera su lengua le respondía.
No supo  porque, pero sin poder  evitarlo, se largó a llorar como un niño perdido entre la gente.
Nadie le miraba, nadie reparaba en él. Era una sombra que pronto se diluye en medio del mar oscuro que dibujan las cosas en este mundo.
-¿Tienes miedo? – dijo la voz.
Lucas se alegró de que al menos ella siguiera allí, junto a él.
-No sé qué hacer. – dijo él con su pensamiento. - ¿Qué es esto?
-Tu propia muerte. A o la de un ser querido. – anunció la voz. Su timbre se escuchaba por todas partes, como si la voz misma fuese la sala, como si fuese el aire que respiraba en ese instante.
-Decisiones. – dijo Lucas.
-Decisiones. – dijo la voz. – Buenas o malas, son nuestras y nos ayudan a crecer, a morir cada día, cada momento.
Lucas suspiró y dio media vuelta para descubrirse solo. No había nada ni nadie allí. Solo la puerta por la que ingresó. Fue hasta ella con pasos pesados, presagiando el final.
-Nos volveremos a ver Lucas, pronto.
Lucas no dijo nada más. Abrió aquella puerta, y la luz cegó los ojos.
Cuando Lucas miró a su alrededor sólo vio caras felices que le miraban desde una distancia peligrosa según su perspectiva. No comprendió nada, le costaría hacerlo, pero de todos modos seguiría adelante en cada paso que diera.