domingo, 7 de noviembre de 2010

EL CAMINO DE LUCAS. (Segunda Parte)

Ya no se sobresaltó, sino todo lo contrario.
¿Que día era ese? ¿Porque tenía en el corazón esa sensación de conocer la respuesta sin llegar a acertar?
Mordió un trozo de pan untado y dio un trago largo a su taza, y antes que todo quedara en la nada escuchó voces en el patio.
Sin dudarlo, se levantó con prisa y abrió la puerta trasera. Nunca supo como, pero su ropa cambió por completo. Y delante e sus ojos apareció una fiesta, un cumpleaños. ¡Su cumpleaños!
Por alguna razón no recordaba aquel día. Buscó, y en medio del patio halló la gran mesa cubierta de un largo mantel estampado rojo, y arriba de éste la torta con un estadio de fútbol en miniatura en ella. Vio la vela blanca en forma e número ocho.
No pudo evitar sonreír al ver a todos aquellos niños quienes en algún tiempo lejano fueron sus amigos. Las risas y los gritos invadía todo el aire, y se mezclaba con el aroma del césped recién cortado.
Los infinitos globos se alzaban tratando de alcanzar un cielo imposible para ellos.
Lucas caminó entre la gente, se sentía feliz, como en ese día.
-Mira al otro lado del patio. - dijo la voz que le acompañaba.
Lucas, ya acostumbrado a ella, obedeció.
Un niño de pelo corto, más negro que la noche, estaba sentado sobre las escalerillas que daban al garaje. Tenía la mirada perdida hacia los demás niños que jugaban entre el payaso son gracia y las madres que intentaban repartir los vasos de plástico coloridos con jugo.
Sin dudas la tristeza era su única compañía.
-¿Sabes quien es, que le ocurre? - dijo la voz.
Lucas se reconoció al instante, y con las manos en los bolsillos fue hasta él y se sentó a su lado.
-¿Que pasa? ¿Porque no vas con tus amigos?
Tardó unos segundos en contestar, y luego de un largo suspiro dijo:
-Mi mejor amigo no vino.
Lucas pensó un minuto.
-Quizás no pudo avisarte de algo que le pasó. Seguro que te tiene presente en éste momento.
-Él no va a venir.
Lucas recordó el porque. Su amigo no viví más en la ciudad, de hecho ni siquiera en el país.
-Él siempre piensa en vos. Seguirán siendo grandes amigos. No olvides eso. A pesar de la distancia, dos personas no pueden separarse.
Vio como su niñez le sonreía.
-Nunca te olvides de eso. - se dijo acariciándole el pelo.
Lucas le ofreció una amplia sonrisa y salio corriendo con sus compañeritos que, rodeaban al payaso sin gracia para sacarle la nariz.
Lucas se levantó y se apoyó en la puerta del garaje que se abrió de improvisto.
Allí se encontró frente a su padre que en ese momento cubría un objeto con una lona gris gastada.
Una vez mas, su ropa había cambiado, hasta él mismo ahora tenía barba de dos días.
-¿Sabes lo que hay allí abajo? - dijo la voz.
-¡Sí! - dijo Lucas sonriendo.-

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