martes, 23 de noviembre de 2010

EL CAMINO DE LUCAS (Tercera parte).-

Se miraron en silencio por un largo rato. Ninguno esperaba nada del otro, sólo existía el vacío de las palabras entre ellos dos, y nada más.
-Hace mucho que no te veíamos por acá. - dijo al fin el padre.
Lucas pestañeo un par de veces, casi sorprendido de que pudiera hablar con alguien que estaba a kilómetros de distancia. ¿Pero acaso todo aquel suelo, si es que lo era, estaba dentro de lo normal? Tan solo unos minutos atrás se encontró con su niñez, ahora, su padre le hablaba de frente.
-No tuve mucho tiempo libre ultimamente. - se limitó a sonreír.
Lucas sentía su corazón fuera de control.
-´Tapé tu bicicleta vieja. - dijo el padre para cambiar de tema. - Así no se a va a arruinar. Siempre supe lo mucho que la querías.
-Fue mi primer bicicleta. - dijo Lucas acercándose para tocar la lona áspera.
-La armaste vos solo cuando...
-Cuando dijeron que no podían comprarme una. Me acuerdo bien de eso. - los pensamientos de Lucas se dispararon a la oscuridad, y una nube gris empañó su sonrisa. Pero de la nada, muy adentro de él, surgió la voz.
-¡Callate y presta atención! - le dijo.
-Lo hicimos adrede. Sabíamos con tu madre que querías una bicicleta sin importar lo que costara. Siempre nos la pedía. Así que deje el cuadro a la vista, en el patio para despertar tu interés. ¡Y así fue! Empezaste a trabajar en él hasta que lo terminaste.
-Me costó mucho.
-Ese era nuestro plan, que supieras valorar las cosas. Eras chico, lo sé, pero fue la mejor manera de darte responsabilidad y amor por lo que haces. Sirvió para que entendieras muchas cosas, entre ellas, que el esfuerzo vale la pena.
-Estuve enojado con ustedes un largo tiempo. - dijo Lucas mirando hacia el bulto marrón que escondía su bicicleta. - Pero después ya no.
-Hasta venías a consultarme sobre como seguir tu trabajo. Estabas entusiasmado.
Su padre avanzó y le tocó el hombro antes de salir del garaje.
-¿Aún sigues entusiasmado? - dijo la voz.
Lucas miró todo el garaje  tratando de buscar algo más, quería seguir hablando con su padre.
De prisa corrió hacia la puerta y la cruzó. Pero ya no dio con el patio de su casa, ni con la fiesta de cumpleaños.-

domingo, 7 de noviembre de 2010

EL CAMINO DE LUCAS. (Segunda Parte)

Ya no se sobresaltó, sino todo lo contrario.
¿Que día era ese? ¿Porque tenía en el corazón esa sensación de conocer la respuesta sin llegar a acertar?
Mordió un trozo de pan untado y dio un trago largo a su taza, y antes que todo quedara en la nada escuchó voces en el patio.
Sin dudarlo, se levantó con prisa y abrió la puerta trasera. Nunca supo como, pero su ropa cambió por completo. Y delante e sus ojos apareció una fiesta, un cumpleaños. ¡Su cumpleaños!
Por alguna razón no recordaba aquel día. Buscó, y en medio del patio halló la gran mesa cubierta de un largo mantel estampado rojo, y arriba de éste la torta con un estadio de fútbol en miniatura en ella. Vio la vela blanca en forma e número ocho.
No pudo evitar sonreír al ver a todos aquellos niños quienes en algún tiempo lejano fueron sus amigos. Las risas y los gritos invadía todo el aire, y se mezclaba con el aroma del césped recién cortado.
Los infinitos globos se alzaban tratando de alcanzar un cielo imposible para ellos.
Lucas caminó entre la gente, se sentía feliz, como en ese día.
-Mira al otro lado del patio. - dijo la voz que le acompañaba.
Lucas, ya acostumbrado a ella, obedeció.
Un niño de pelo corto, más negro que la noche, estaba sentado sobre las escalerillas que daban al garaje. Tenía la mirada perdida hacia los demás niños que jugaban entre el payaso son gracia y las madres que intentaban repartir los vasos de plástico coloridos con jugo.
Sin dudas la tristeza era su única compañía.
-¿Sabes quien es, que le ocurre? - dijo la voz.
Lucas se reconoció al instante, y con las manos en los bolsillos fue hasta él y se sentó a su lado.
-¿Que pasa? ¿Porque no vas con tus amigos?
Tardó unos segundos en contestar, y luego de un largo suspiro dijo:
-Mi mejor amigo no vino.
Lucas pensó un minuto.
-Quizás no pudo avisarte de algo que le pasó. Seguro que te tiene presente en éste momento.
-Él no va a venir.
Lucas recordó el porque. Su amigo no viví más en la ciudad, de hecho ni siquiera en el país.
-Él siempre piensa en vos. Seguirán siendo grandes amigos. No olvides eso. A pesar de la distancia, dos personas no pueden separarse.
Vio como su niñez le sonreía.
-Nunca te olvides de eso. - se dijo acariciándole el pelo.
Lucas le ofreció una amplia sonrisa y salio corriendo con sus compañeritos que, rodeaban al payaso sin gracia para sacarle la nariz.
Lucas se levantó y se apoyó en la puerta del garaje que se abrió de improvisto.
Allí se encontró frente a su padre que en ese momento cubría un objeto con una lona gris gastada.
Una vez mas, su ropa había cambiado, hasta él mismo ahora tenía barba de dos días.
-¿Sabes lo que hay allí abajo? - dijo la voz.
-¡Sí! - dijo Lucas sonriendo.-