domingo, 17 de octubre de 2010

EL CAMINO DE LUCAS. (Primera Parte)

-Bienvenido, Lucas. - dijo la voz salida de alguna parte.
Lucas se despertó, y una extraña sensación de estar en su cama, pero no en la que se tumbara la noche anterior, lo invadió por completo.
La luz de la mañana entraba de lleno por la ventana de cortinas blancas. No recordaba tenerlas en su cuarto. Desde allí supo que no se hallaba en su casa.
Toda la habitación revestida de madera olía a pino. Los colores oscuros y el aroma, le causaron un vuelco en el corazón, aquello era familiar a todos sus sentidos.
Vestido con un pijama con miles de payasos burlones, se levantó de la cama dejando atrás la tibieza de las sabanas. Abrió la perta y, descalzo, se puso a andar por el corto pasillo que lo llevó hacia las escaleras que bajaban a la sala.
Lucas observó con atención cada detalle de aquel sitio, conocía los sillones y la mesa ratona con ese florero con la particular forma del cisne. Sabía que lo conocía, pero no sabía de donde.
-Lucas, ve a la cocina. - dijo la voz.
Miró sobresaltado hacia todos lados, pero no había nadie allí, estaba solo por completo. Pensó que era producto del sueño que aún llevaba encima y que le hacia arrastrar los pies.
Atravesó la sala y antes que entrase a la cocina, le llegó el olor a café con leche y pan fresco con mermelada de zapallo y manteca. No pudo evitar sonreír, era su desayuno favorito de cuando era niño.
Al entrar, todo estaba listo servido sobre la mesa, junto a una ventana de cortinas floreadas. Tomó asiento y comenzó a comer.
-¿Lo recuerdas, Lucas? ¿Que día es hoy? - dijo una vez más la voz de la casa.