viernes, 10 de septiembre de 2010

Una Historia entre Otras.-

Salimos los dos bajo la amenaza de una nueva llovizna, dentro de todas las que cubrió la ciudad. Salimos de compras.
En realidad mi compañera era quien disponía de la necesidad de un nuevo cambio en su ropero, yo, era solo un mero acompañante y oyente.
Al principio ella no paró de hablar ni un solo instante de todo cuanto le había ocurrido, sirvió para que desahogara de todo. Pero ponerme a contar lo que dijo, seria abrir una historia nueva, semejante a las que suceden en "Las Mil y Una Noches". No les pasa a menudo que un paseo se convierte en un viaje vertiginoso al pasado de ese día, horas atrás que no tuvieron cavidad para el resto, más que para aquella persona que las narra? Hubiera podido contar lo mio, pero esta vez decidí solo escuchar y observar.
El resto de la gente que se movía por la ciudad, iba de un lado a otro con abrigos gruesos, porque no voy a mentir, el viento estaba helado con mayúsculas. Algunos corría, otros solo trataban de seguir a sus pies ligeros, con tal de llegar a tiempo a casa, a un lugar más cálido y encerrarse en algunas tareas más amenas que deambular por las calles  mojadas.
Era como si algo les preocupara.
Pero no han prestado atención a esos días? Son ideales para caminar, aunque más de una migo lo encuentre poco estimulante, y debo admitir que, en esos días el sueño llama a viva voz. Aún así, cuando uno ya esta en marcha, no puede evitar ser consciente de finos detalles. Como los son las gotas que caen una a una por cada hoja de los árboles y las flores. Gotas escurridizas que llegan a caer hasta en la parte del cuerpo donde uno omitió cubrirse, y producen un escalofrío endemoniado. Eso es genial!!! Nunca lo experimentaron?
Y caminar por las veredas desniveladas, esquivando los charcos que pretenden convertirse en océanos de no encontrar un desagüe pronto, eso si es un espectáculo!
Ni hablar de los autos que girar en las esquinas como si no hubiese nadie parado allí. y te bombardean con toda la carga acuosa que uno debe evitar maldiciendo al conductor.
Esos paseos son un sueño para mi.
Todo lo contrario es estar apoyado contra el mostrados de la, ya tercer tienda visitada, viendo como la mujer saca todo, pero absolutamente todo lo que tiene, para que mi compañera solo escoja cuna camisa.
Mientras afuera el mundo sigue su rutina adorable, comienza a llover y tenemos que correr de galería en galería para que no se moje la ropa nueva.
Aún así, no todo es color de rosa. Existe un enemigo al acecho que espera paciente atacar. Las baldosas y los mosaicos sueltos, que con un chisk hacen que lo peor llegue de abajo. Son minúsculos los puntos, pero ensucian todo lo que tocan. Y eso si me molesta!! Son los únicos que lograr enturbiar una tarde hermosa....

Pero... no hay nada como esos días. Donde pareciera que las historias de la gente se muestran a flor de piel.

1 comentario:

  1. A pesar del frío y terminar uno todo mojado me gusta mucho los días de lluvia, y la recompensa de llegar a casa y sentirse seco protegido y resguardado. Con el agua todo cambia de color por eso me debe gustar tanto la lluvia.

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